jueves, 13 de octubre de 2011

MASAJE SHANTALA



Las semanas que siguen al nacimiento
son como la travesía de un desierto.
Desierto poblado de monstruos:
las sensaciones nuevas que
desde adentro
se lanzan al asalto del cuerpo del niño.
Después del calor del seno materno,
después del loco abrazo que es el
nacimiento,
la soledad helada de la cuna.
Y luego surge una fiera,
el hambre,
que muerde al bebé en las entrañas.
Lo que enloquece al desdichado niño
no es la crueldad de la herida,
es su novedad.
y esa muerte del mundo circundante
que le da al ogro
proporciones inmensas.
¿Cómo calmar una tal angustia?
¿Alimentar al niño?
Sí,
Pero no solamente con leche.
Hay que tomarlo en brazos.
Hay que acariciarlo, acunarlo.
Y masajearlo.
Hay que hablar a la piel del pequeño
hay que hablarle a su espalda
que tiene sed y hambre
igual que su vientre.
En los países que han conservado
el sentido  profundo de las cosas
las mujeres saben todavía todo esto.
Aprendieron de sus madres,
enseñaron a sus hijas.
Este arte profundo, simple
y muy antiguo
que ayuda al niño a aceptar el mundo
y lo hace sonreír a la vida.

Frederick Leboyer